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Sábado 27 de agosto del 2011 | 07:53

Noqueado por la droga

El Búho cuenta la triste historia que está pasando el excampeón sudamericano de box, Mario Broncano.

Este Búho no se sorprendió la noche del jueves cuando por todas las redacciones de los diarios limeños retumbaba la noticia: “¡Mataron a Broncano!” Mario Broncano convive con la muerte desde hace varios lustros. El ex campeón sudamericano de box pudo haber muerto a palazos, de tuberculosis, sobredosis o de hambre. Pero como en sus mejores tiempos de boxeador, hasta ahora esquiva todos los golpes mortales que sufre día a día en los lupanares de La Victoria, o en las covachas de los acantilados de San Miguel, donde se refugia para consumir los terribles “tabacazos” de pasta básica de cocaína.

Maldita droga que lo noqueó definitivamente e hizo de él una penosa sombra funambulesca. Él cree que sigue siendo el notable boxeador de depurada técnica y potente pegada con la que se proyectaba para ser un campeón con bolsas de miles de dólares. No sabe que ya no solo está viejo, tuerto (en Magdalena, un vendedor de frutas le tiró un palazo por defenderse de un robo, pero el palo tenía un clavo que le vació el ojo) sino también enfermo. Esos pulmones están carbonizados de tanto humo y su hígado es una esponja que se deshace por el consumo de “racumín”, alcohol rectificado que compra a un sol la botella.

El jueves intentó robarle a su propio vecino en La Victoria, amenazándolo con un machete. No contó con que el hijo de su víctima, seguro un pandillero a sus 16 años, salió de su casa con un filudo cuchillo y le infligió tremendos cortes en el rostro. Los médicos del hospital “Dos de Mayo” le zurcieron toda la cara. Veinticuatro horas después del ataque, Broncano seguía privado en una cama del hospital y nadie fue a visitarlo.

Este Búho tiene varios recuerdos con Mario Broncano. Ingreso al túnel del tiempo. Coliseo Amauta. 1987. Mi tío chochera, el empresario Carlos Benvenutto, esposo de mi guapa tía Laura, era el presidente de la Federación de Box. Me jugó una entrada y vi cómo Luis Poma y un deslumbrante Broncano ganaban sendas medallas de oro. Fue justamente mi tío quien le entregó la presea dorada a Mario. Al día siguiente, todos los diarios hablaban del boxeador: “¡¡Nace una estrella!!” “¡¡El futuro Mauro Mina!!” Pero Mario hizo humo el dinero de los premios fumando. Lo llevaron a vivir a la casa de un dirigente y no solo se escapó, sino que se llevó de “recuerdo” varias joyas y objetos de valor. No lo denunciaron y le siguieron dando oportunidades, pero era incorregible. Poco a poco, los dirigentes se resignaron y el púgil se refugió en las zonas más fumarolas de la Huaca de Magdalena. Recuerdo que en 1990, con mi hermano Álvaro “Caníbal” Rocha y Atto Bouroncle, salimos de madrugada del tono de un “feo” en Magdalena para comprar trago en la temida huaca.

En una chingana infame ¡¡nos encontramos con Broncano!! Estaba pasadazo y, creo, maquinó un choreo contra nosotros, pero lo madrugué hablándole de la noche en que fue campeón sudamericano. ¡¡Yo estuve allí!!, le dije. “Mi tío Carlos Benvenutto te entregó la medalla”. El ex boxeador recuperó la cordura. “Causa, ¿tú estuviste en el Amauta?”. “¡Claro, estaba llenecito!”, exclamé. “Flaco, dile a estos conch… cómo me ovacionaron esa noche, cuéntales”. ¡Escuchen, mier…!”.

Los parroquianos me escucharon atentos, ante un orgulloso Broncano que regresó con una botella de un brebaje que obligado bebimos y nos quemó el estómago. Después él mismo nos acompañó a la salida de la temida huaca. “Flaco, dile a tu tío Benvenutto que venga a buscarme. Todavía puedo ser campeón”, me aseguró, mientras botaba el asfixiante humo de un “tabacazo” de pasta que se prendió en nuestra presencia. La última vez que lo vi fue a mediados de los 90. Un empresario organizó una velada de boxeo ¡¡en el penal de Lurigancho!! que se transmitió en vivo y en directo a todo el país. Era una sombra del Broncano de sus buenos tiempos. El retador extranjero no lo noqueó de pena. Y todavía su entrenador, quien estaba en su esquina, era nada menos que “Lucho” Mannarelli. ¡Sí, el del clan Calígula y tío de Liliana! “Amiga” de Eva Bracamonte. Apago el televisor.