Domingo 19 de mayo del 2019 |

Síguenos:

Lunes 05 de julio del 2010 | 10:27

Once por once: El primer campeón del mundo

Eloy Jáuregui nos cuenta un poco de los grandes del fútbol mundial.

En aquel tiempo, no existían las dudas. Dicen así los ingleses que inventaron el fútbol. Refuta Urbino, que inventaron la flojera. Veo la llegada del micro en Ezeiza, desde el aeropuerto de Buenos Aires. Y la gente grita “Diego no se va”. “Allá todos son papas fritas. Te bota Alemania con una goleada y sigues siendo el mejor. ¿Es una estupidez?”, añadió Urbino, tratando de comunicarse con Fito Palao desde su iPod bamba: “Ese chino es bravo, es el Maradona de la “U”. Ojalá que sea presidente”. Yo pedí un menú de foto en el chifa “Walok” del Barrio Chino. Solo me quedaba la idea del mundial más malo de la historia.

Veamos. A pesar que desde hoy soy “celeste”, el fútbol es un pretexto para ser imperfecto. Se trata de jugar bien, en eso no hay dudas, y hasta se pone tres al fondo. Pero se ataca con uno. Supongo que José Mourinho ha declarado esa máxima. “Mourinho es el Tony Rosado del fútbol”, balbuceó Urbino. Pobre tonto, ingenuo y charlatán, pensé yo. Pero lo comparé con Sebastián Abreu, que no era como él. Ayer, cuando lo escuché al mismo Abreu, no había dudas. Dice que el maestro Tabárez le dijo que patee el tercer penal, “El loquito” lo convenció que no. Y el técnico de Uruguay confió en que ejecute el último. Repito, confió en la clase de Abreu. Y este “raro” del fútbol, corriendo 40 metros, le da a la pelota un toque bajopontino y el balón se alza, toma paracaídas (o paracaideas) y en su vuelo, entona los himnos de los cielos, jura besar las redes y va cayendo como una lluvia de verano venciendo las verdades de los arqueros, sean de Pakistán o de Chumbivilcas, que ven con el cuerpo derrotado de energías, el orgasmo ajeno de ese Abreu que inventó como Julio Verne, que las mariposas no eran amarillas, sino que el cielo está lleno de ángeles que cruzan el himen de las tonterías de los felices.

De pronto escuchamos: “Dos más”. Era Zelada con Miguelito Burga. Ellos se agarran los domingos para ser mejores humanos después de las 12 y de la misa. Hablaban enfurecidos que cuatro de cinco sudamericanos llegamos a los Cuartos. “Solo conozco un cuarto, el de mi “telo” de la avenida La Marina”, estentóreo dijo Urbino. Juntamos las mesas. Los odio, debo confesarlo. Pero son mis hongos de entrepiernas y la dulce tortura de mi corazón. Ayer fue un domingo sin Mundial. Extrañaré estas jornadas. Pero el próximo, escribiré el análisis del final sin pretender ser mago. Para eso está Markarián. Él sabe quién será el campeón. Y para colmo, es uruguayo.